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Blog La casa común

Alfonso Esponera Cerdán, OP

de Alfonso Esponera Cerdán, OP
Sobre el autor

4
Mar
2018

El dinero

2 comentarios
dinero

Hay algo alarmante en nuestra sociedad que nunca denunciaremos bastante. Vivimos en una civilización que tiene como eje de pensamiento y criterio de actuación la secreta convicción de que lo importante y decisivo no es lo que uno es, sino lo que uno tiene. Se ha dicho que el dinero es «el símbolo e ídolo de nuestra civilización» (Miguel Delibes). Y de hecho son mayoría los que le rinden su ser y le sacrifican toda su vida.

John K. Galbraith, el gran teórico del capitalismo moderno, describe así el poder del dinero en su obra "La sociedad opulenta": el dinero «trae consigo tres ventajas fundamentales: primero, el goce del poder que presta al hombre; segundo, la posesión real de todas las cosas que pueden comprarse con dinero; tercero, el prestigio o respeto de que goza el rico gracias a su riqueza».

Cuántas personas, sin atreverse a confesarlo, saben que en su vida, en un grado u otro, lo decisivo, lo importante y definitivo, es ganar dinero, adquirir un bienestar material, lograr un prestigio económico.

Aquí está sin duda una de las quiebras más graves de nuestra civilización. El hombre occidental se ha hecho en buena parte materialista y, a pesar de sus grandes proclamas sobre la libertad, la justicia o la solidaridad, apenas cree en otra cosa que no sea el dinero.

Y, sin embargo, hay poca gente feliz. Con dinero se puede montar un piso agradable, pero no crear un hogar cálido. Con dinero se puede comprar una cama cómoda, pero no un sueño tranquilo. Con dinero se pueden adquirir nuevas relaciones, pero no despertar una verdadera amistad. Con dinero se puede comprar placer, pero no felicidad.

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1
fr.Pepe E. op
4 de Marzo de 2018 a las 19:54

Alfonso: Sigue vigente aquello de "tanto tienes tanto vales".
Se quejaba un padre de familia de que la vida no le había deparado nada...Tras sus estudios, que fueron muchos y brillantes había esperado encontrar un buen trabajo...Había esperado encontrar una buena pareja...Había esperado formar una familia feliz...había esperado que la sociedad reconociera sus valores...

Un anacoreta amigo suyo lo miró con simpatía y le dijo:

-En lugar de preguntarte lo que esperas de la vida, es mejor que te preguntes qué es lo que la vida espera de ti. Pensamos en recibir y no nos damos cuenta de que recibimos en la medida que damos...

2
A
6 de Marzo de 2018 a las 09:51

Más que el dinero en sí, que no deja de ser un objeto inanimado, yo culparía principalmente al egoísmo y envidia de los hombres y la aspiración de llegar más lejos y más alto que el vecino. El dinero o los bienes no dejan de ser el objetivo.
Ser ambicioso puede ser algo positivo si es bien canalizado y no se desvirtúa con valores ruines y terminando en obsesión. Obsesión por mejorar en el trabajo. Obsesión de ganar más dinero. Obsesión por alcanzar el honor y la gloria personal.

Pienso que el origen de todo esto viene de los actos y de la educación que nos han dado a toda una generación en base a la competición. En el colegio y en los hogares. En ser mejor que el vecino. En no fomentar el acto de compartir, colaborar y cooperar, como bien se está haciendo e implantando ahora en las clases y colegios.
Aquellos exámenes y evaluaciones que buscaban sencillamente una nota. Un número que al final te asignaba a un grupo en el aula y por tanto la segmentaba. Todos los alumnos en sus pupitres individuales, generalmente los "listos" delante y los "torpes" detrás... y no en mesas redondas o compartidas fomentando en estas los puntos y habilidades de cada individuo de manera personalizada y en grupo.
Aquella educación puede explicar perfectamente porque hoy día las personas en general son, o somos, más individualistas. Nos han hecho pensar que no necesitamos la ayuda del prójimo y que si queremos disfrutar del éxito mejor será no compartir nuestros conocimientos con "el de al lado". Vaya a terminar siendo un obstáculo para con nuestros objetivos...